Informe de SEMAP sobre la medición de la actividad enfermera

Informe de SEMAP sobre la medición de la actividad enfermera

Desde hace mucho tiempo, y cada vez con mayor frecuencia, nos llegan comentarios realizados por directores de centro o miembros de las Direcciones Asistenciales que cuestionan los datos de actividad de las enfermeras, sobre todo cuando se comparan con la actividad de los médicos de familia. En SEMAP opinamos que, además de ser declaraciones desafortunadas e injustas, obedecen a un profundo desconocimiento de las características del trabajo de las enfermeras en AP y/o a un nulo interés por realizar una correcta interpretación de los datos. Por ello, realizamos este análisis en torno a la medición de la actividad de las enfermeras en la AP madrileña, con el convencimiento de que no se está midiendo ni interpretando correctamente dicha actividad:

  1. Para la Presión Asistencial (PA) individual de las enfermeras solo se tienen en cuenta los pacientes citados en sus agendas nominales. No se contabilizan los pacientes citados en las agendas centralizadas. En un contexto como el actual en que, desde la organización se está propiciando que cada vez se utilicen más estas agendas centralizadas, esto tiene una repercusión negativa en la PA. Mención especial merece la realización de extracciones y toma de muestras por el impacto diario que tiene en las enfermeras del turno de mañana, sin que este dato contabilice en su PA
  2. Tampoco se contabilizan todos los pacientes sobre los que trabajan las enfermeras y no están citados en una agenda (EpS grupal, intervenciones en centros educativos, intervenciones comunitarias…)
  3. No se tiene en cuenta, a la hora de determinar cuál sería el dato “correcto” de pacientes atendidos la tipología de las intervenciones Si de verdad queremos potenciar, como aparece reflejado en las distintas estrategias (cronicidad, salud comunitaria…), las intervenciones educativas y de entrenamiento del autocuidado o el seguimiento domiciliario proactivo de la población más frágil o vulnerable, estas deberían estar ponderadas en función de factores como la complejidad o el tiempo necesario para llevarlas a cabo. Sin embargo, un paciente complejo se contabiliza como “1 paciente visto” igual que otros pacientes que requieren intervenciones más sencillas
  4. Se mide (y se les remunera por ello) el porcentaje de población atendida respecto a su población asignada (TSA) y esto es injusto, puesto que hay enfermeras con una población de 2.500 o 3.000 pacientes, que hacen imposible alcanzar los porcentajes propuestos. Y es un concepto que anima a “atender a cuantos más pacientes mejor” frente al enfoque enfermero de “capacitar en autocuidado para que las personas se responsabilicen de su salud y no dependan tanto del sistema sanitario”
  5. Se propone a las enfermeras replicar los modelos organizativos diseñados para otras categorías profesionales: agendas de no demorable, cuando la demora no es uno de los problemas de la atención de las enfermeras; organización para atender la demanda aguda, cuando lo esencial en la actividad de las enfermeras debería ser la consulta concertada para el seguimiento de la patología crónica y para trabajar las intervenciones educativas de promoción del autocuidado. Esta organización impacta en el diseño de sus agendas y “desvía” el tipo de actividad que desempeñan
  6. Otro dato relevante es el hecho de que no se ajuste a los días realmente trabajados el dato de actividad domiciliaria. En un indicador con un numerador tan pequeño, esto tiene un impacto muy importante a la baja en el resultado obtenido
  7. Y, finalmente, tampoco se tienen en cuenta las “actividades invisibles” que realizan las enfermeras, como procesos de soporte del CS (revisión del desfibrilador, carro de medicación y parada, gestión de las vacunas y material del CS…)

Por tanto, lo que se mide a las enfermeras no responde ni a la actividad que realizan ni a lo que deberían ser sus objetivos estratégicos (atención a la cronicidad, a la fragilidad, actividad domiciliaria, intervenciones educativas grupales y en la comunidad…) sino a otros intereses (como contribuir a atender los procesos agudos, independientemente de que puedan ser resueltos o no por ellas).

Como consecuencia de esto, una enfermera que haga lo que realmente debe hacer en AP, obtendrá unos bajos resultados según lo que mide nuestra organización y, por supuesto, en comparación con otras categorías profesionales. Y no nos olvidemos que de estos datos se derivan cuestiones retributivas y de asignación de recursos.

Por la manera en que se está midiendo la actividad de las enfermeras podemos deducir que A NUESTRA ORGANIZACIÓN LE INTERESA, sobre todo:

  • Que las enfermeras atiendan al mayor número posible de pacientes independientemente del motivo o tipo de esa atención.
  • Que las enfermeras desplacen su eje de atención tradicional (el paciente crónico, el fomento del autocuidado, la atención domiciliaria y las actividades de EpS o IC) hacia la atención de los motivos de demanda agudos, independientemente de que estos estén o no dentro de su marco competencial y aunque esto vaya en detrimento de otras intervenciones que sí les son propias y dan sentido a su trabajo en AP.

De forma análoga, podemos deducir que A NUESTRA ORGANIZACIÓN NO LE INTERESA lo suficiente:

  • Que las enfermeras realicen intervenciones complejas de fomento del autocuidado.
  • Que las enfermeras sigan realizando intervenciones comunitarias y educación para la salud con y en la comunidad.
  • Analizar las particularidades del trabajo de una enfermera en un equipo de AP, que condicionan que su agenda, y por tanto su actividad, no sea comparable a la de otras categorías profesionales.

Pulsa aquí para consultar el documento íntegro.

 

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